Nunca te acostarás sin saber algo nuevo.

Buenas noches.

Dicen que nunca te acostarás sin aprender algo nuevo. Efectivamente. Yo. Hoy. Me he dado cuenta de algo.

Vivimos en un mundo en el que no es necesario que algo sea real para que lo creamos al 100% y lo peor de todo, para que suframos por ello.

Me explico.

Una chica que use una talla 36, por ejemplo, a todas luces es evidente que no está gorda pero eso no va a evitar que alguien se lo llame, pasa igual con la palabra “loca”, da igual que lo seas o no, porque antes o después lo usarán y para desacreditarte.

Todo esto viene como consecuencia de un altercado con un técnico de Iberdrola, el cual utilizó mi número de teléfono para intentar ligar sin importarle que ese número se lo había dado a la empresa. No a él.

Ahora es cuando todos escuchamos la misma voz en nuestra cabeza susurrando… ¿Y la ley de protección de datos? Pues bien, me parece que está claro que le dio bastante igual.

Porque no, aunque se trate de amor o de ligar, llamadlo como queráis, el fin no justifica los medios, aunque estemos hartos de escuchar cosas como: “en la guerra y en el amor, todo vale”, “el no ya lo tienes”, “quien la sigue la consigue” – No, quien la sigue si no es recíproco se convierte en pesado -.

Llegados a este punto y viendo sobre todo a las generaciones venideras no paro de pensar en cómo de mal estamos entendiendo el hecho de ligar ya que estamos aceptando conductas que a nosotras nos dejan en un lugar de poca decisión.

Regla de las cinco citas.

¿Conocéis esa regla no escrita que dice que hasta la quinta cita NO PUEDE HABER SEXO? Yo sí.

Nos conocimos en una exposición de fotografía, nunca se me olvidará el nombre “Con los ojos abiertos. Cien años de fotografía Leica” en la Fundación Telefónica, muy cool ¡eh! Qué pena que con el paso del tiempo la cosa bajara hasta el sótano.

La exposición estupenda, un diez, las miraditas, también, risita por allí, risita por allá y decidimos ir a cenar… he aquí la primera señal de que debía irme a mi casa. Al susodicho se le ocurre ir a cenar a Lamucca pero no a la de la calle Pez ni Almagro, no, ¡A LA DE SERRANO!

Pues nada, 40 minutos andando con un frío de narices porque Disney nos ha vendido la historia de que pasear de noche con un chico, es bonito y romántico, aunque te estés muriendo de frío.

Pero la verdad es que fue una cena increíble.

Después de esa cena hubo un día en la piscina, un concierto de Jazz y una visita al cine, además de muchísimas horas enganchados a Whatsapp, hasta que llegó la quinta cita.

Esta vez fuimos a uno de mis restaurantes favoritos de Madrid, era la quinta cita, era el día D. y aunque sabía que no debía dejarlo en sus manos si quería que la noche fuera más o menos decente. Me confié. Cedí. Error.

Después de dos entrantes, dos platos para compartir y su correspondiente botella de vino decidimos no pedir postre (¿por qué?, ¿por qué esa aberración de no pedir dulce?) y pedir una copa… y una segunda… y la tercera, yo aquí me retiré pero él siguió hasta la cuarta… y la quinta.

¡Y porque nos echaron del local que cerraban! En fin, visto el panorama, paramos un taxi en la calle y le consigo convencer de que nos vayamos a dormir cada uno a su casa y Dios en la de todos.

Llegamos a la primera parada, su casa. Él se baja del taxi, paga y nos quedamos esperando para ver si es capaz de entrar. En ese momento, el taxista me mira y me pregunta si no le voy a ayudar así que como en el cole de monjas me enseñaron que hay que ayudar al prójimo ahí que voy yo, la buena samaritana y le digo al taxista que se vaya que le voy a ayudar a subir a casa.

Seguro que estáis pensando que hubo fiesta. Efectivamente. Hubo fiesta.

Nada más llegar le desnudé, le metí en la bañera, después hice que vomitara y le acosté en su camita.

FIN.

Sí. Las mujeres somos dramáticas.

¿Por qué –casi- siempre montamos tanto lío con el tema del amor? Después de haber pasado por varias relaciones en las que me han dejado y he dejado, este punto es algo que no termino nunca de entender.

¿Habéis visto el Diario de Bridget jones? Seguro que sí. Que graciosas son todas esas situaciones patéticas, cuando la prota es otra ¿no? PUES SÍ, por eso deberíamos convertirnos en protas de nuestra vida y ser como ella. Que sabia ella.

Aunque también es cierto que estoy empezando a pensar que al final, en el amor, todos – hombres y mujeres – somos muy patéticos.

Y como soy de la creencia que hay que predicar con el ejemplo voy a contar poco a poco, en diferentes entradas algunas de las muchas cosas patéticas que me han pasado.

Pero eso será otro día.

Olvidar

¿Sabéis eso tan típico de despertaros con la sensación de haber tenido el mejor sueño del mundo para sólo cinco minutos después daros cuenta de que no recordáis lo que habéis soñado?

Pues así estoy yo hoy. Frustrada.

Pero vamos a ponernos un poco serios.

Existen diferentes teorías que intentan explicar por qué soñamos. La más aceptada dice que los sueños son debidos a una situación de ajuste y consolidación de la memoria y del funcionamiento cerebral tras una jornada en la que se ha acumulado una gran cantidad de información que debe ser procesada…

O sea, que llevando esto a la práctica, puedo decir que el haber soñado esta noche se debe a que me rondan muchas cosas la cabeza… tiene su sentido pero lo más curioso es que yo sólo me planteo una cosa:

Y es que ojalá, olvidar, fuera siempre tan fácil como levantarte de la cama y dejar que pasen cinco minutos.

¿No?

Romeo y Julieta

Hace diez años, cuando era MÁS joven me gastaba el dinero que tenía en ropa (entre otras cosas) pero ahora, me parece mucho más productivo gastármelo en… libros, será cosa de la madurez (también podéis llamarlo vejez, está permitido).

Estamos a 13 de noviembre de 2019, el Black Friday se acerca y en todos sitios nos atropellan con ofertas, descuentos y promociones de todo tipo y yo, como buena devoradora de libros ya he pensado en cuantos y lo más importante, cuales, van a caer en mi cesta de la compra.

Quise empezar por un clásico, Romeo y Julieta. Mientras hacía cola en la librería para pagarlo la persona que me acompañaba decidió que este libro no podía ser comprado sino regalado e incluyó una bonita dedicatoria.

Aunque teniendo en cuenta cual es el recorrido y el final de esta obra no sé como tomarme este gesto de ¿amabilidad?

Reconozco que mi escepticismo en relación a la idea del «amor romántico» ha hecho que nunca me sienta demasiado atraída por esta obra y es que pensemos con racionalidad… si Julieta fue tan tonta como para enamorarse del enemigo, tomar veneno e irse a dormir a una cripta, sinceramente creo, que se merecía lo que le pasó.

Siempre pensé que el amor, como la vida, es fruto de las decisiones que tomamos y que el destino tiene poco que decir.

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