Ataquito de ansiedad

Holi, he vuelto y lo hago porque las risas no deben irse nunca y todo el mundo sabe que reírme yo, lo hago un rato largo y de mí misma, la primera.

No seré yo quien tire por tierra el autoengaño, que yo a favor SIEMPRE de todo lo que te haga sentir bien, sea verdad o mentira, y es que la mente humana es ma-ra-vi-llo-sa y puede hacerte creer que tras pasarte un domingo levantándote únicamente del sofá para ir al baño, viendo todas las temporadas de Peaky Blinders mientras te comes una pizza familiar, litro y medio de helado y por qué no, que un día es un día, una tableta de chocolate, cuando el lunes te vas a poner los vaqueros y te aprietan, meneas la cabeza mientras sueltas un “hay que ver lo que encogen los pantalones vaqueros recién lavados” obviando tus hábitos locos de alimentación dominical pero obviándolos DE VERDAD pero claro, el autoengaño tiene su lado tenebroso, la hipocondría, chan, chan, chan, chan.

En mi defensa diré que durante mi infancia mi madre cuando me veía hacer algo que implicaba un mínimo de riesgo como no sé, comer una chupa-chups mientras corría, no me decía un “ten cuidado que te puedes hacer daño si te caes y te lo clavas” no, me decía “cuidado, que te vas a clavar el palo y te puedes morir” o si me veía andando en equilibrio por el borde de la acera “cuidado que como te caigas puede venir un coche y matarte” poca broma la educación en la infancia, lo que te marca en tu personalidad, cuidadín cuidadín, os lo ruego.

El caso es que durante un tiempo tuve muy desarrollada la hipocondría y si hace años llegué a la conclusión de que los ex son como los kebabs, que sólo crees que te gustan cuando vas muy borracha lo cierto es que hace unos veranos me di cuenta que los ex son como los ataques de ansiedad, siempre aparecen cuando no los esperas.

Yo desconocía que los ataques de ansiedad te pueden dar muchos días después del conflicto y bueno, lo supe como se suelen saber estas cosas, de la peor forma. Os cuento:

Estaba «quedando» con un chico y decidimos irnos unos días a la playa porque yo había entrado en una espiral de días de todo mal. Llegamos y todo fetén, un vergel de sol, cervezas y vino, paellas y ñacañaca a cascoporro. Una noche decidimos salir a cenar a otro pueblo y estando en el coche tan normal y sin previo aviso noto como un latigazo-descarga-eléctrica y pum!! medio lado se me pone rígido. Como puedo intento decirle QUE ME ESTOY MURIENDO pero claro, con media boca piñón, lengua incluida, medio lado cual muñequito de play mobil y que lo estaba flipando pues complicadito. Entonces pasa justo una ambulancia y empiezo a decir y a señalar con mi dedo E.T. cual poseída «síguela, síguela».

La cara de él era un poema, desencajadito perdido, que tres narices me importaba a mí PORQUE ME ESTABA MURIENDO. Empezó a seguir a la ambulancia, que menos mal que iba al hospital y no a casa de alguien que lo necesitaba menos que yo porque yo me estaba muriendo, al ver que la seguía, cerré los ojos y no los abrí hasta que sentí que estaba tumbada en una camilla porque la hipocondría se pega y cuando llegamos al hospital era él el que empezó a gritar “AYUDA, AYUDAAAAAAA, MI NOVIA SE MUEREEEEEEEEEE”

*Inciso: como tenía medio cuerpo paralizado y los ojos cerrados no parpadeé al oír “mi novia” que me sonó como mucho más fuerte que el “se está muriendo”creo que porque ya lo había aceptado, no sé. 

Ignoro cuantos profesionales sanitarios vinieron a ayudarle porque yo, ojitos cerrados esperando mi destino, es decir, LA MUERTE, fui en volandas acompañada por un ¿cómo te llamas? constante hasta una camilla donde tras varias pruebas me diagnosticaron, ataque de ansiedad. ¿Un ataque de ansiedad?, ¿en serio?, ¿en pleno de vergel de sol, cervezas, paella y ñacañaca sin desenfreno? NO, que me mire otro médico en cuantito llegue a Madrid que nos vamos ahora mismo para allá.

Y bueno pues sí, un ataque de ansiedad, tal cual, ni siquiera rocé la muerte aunque me jodió la escapada y el chico, que debe creer que soy Satán y tal como fui su novia por un segundo, dejé de serlo. Mejor para mí. (Y para él)

Lección: A veces una cree que se está muriendo de un infarto cuando “sólo” es un ataque de ansiedad y a veces, creemos que estamos enamoradas cuando “sólo” es ñacañaca.

Jodida mente humana.

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